| Yeguas y potrillos testimonian la tradición ganadera de Almonte |
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| Almonte | |||
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Polvareda, relinchos, crines al aire. Ayer se repitió el rito ancestral de la 'Saca de las Yeguas', la traída de caballos a Almonte, previo paso por El Rocío, que durante meses han estado pastando en estado semisalvaje en el Parque Nacional de Doñana. Ayer, de nuevo en la aldea y en los alrededores del Santuario de la Blanca Paloma se volvieron a concentrarse miles de curiosos para asistir a la presentación del ganado a la Virgen del Rocío antes de llevarlo a Almonte para 'tusarlo'.
Como viene siendo habitual en los últimos tiempos, la 'saca' levantó expectación entre un buen número de profanos que desde la mañana se apostaron a las puertas de la ermita para contemplar el espectáculo. Ajenos a ellos, los almonteños se disponían a vivir la culminación de lo que ha sido varios días de trabajo recogiendo a las yeguas y sus potrillos por la extensa marisma. Ya el lunes partió hacia la finca Marismillas la primera tropa de yegüerizos, de las diecinueve que han participado en esta ocasión en la 'saca'. Partieron por la mañana, no muy temprano. Los ganaderos hicieron una parada para almorzar en el paraje del Moralejo. A la mañana siguiente emprendieron el camino en dirección a las Marismillas, donde se encuentra el palacio. Una vez allí comenzaron a recoger el ganado, tarea que iniciaron también ese día las tropas de las fincas de la Vera, El Rincón y Marismas de Hinojos. Ayer alrededor de la una del mediodía entraba en la aldea la primera tropa, la de La Vera, ante la mirada atenta de los congregados. Entonces comenzó la labor de Juan el Aguaó y su compadre Juan Menta Limón, encargados de las tareas de intendencia que precisa todos el proceso de la 'saca'. Pie a tierra, ellos se dedicaron a conducir, junto a los jinetes, al ganado hasta las puertas del Santuario. A la tropa de La Vera, compuesta por nueve reuniones, le siguió la de Marismillas, El Rincón y Marismas de Hinojos, las dos primeras con una reunión y la última con seis. En total unas quinientas personas, junto a los yegüerizos que aguardaban en la aldea, participaron en todo el proceso. Con el desorden organizado que caracteriza cuantas tradiciones profesan los almonteños, cada una de las tropas desfiló por delante de la Señora ante la atenta mirada de las decenas y decenas de cámaras fotográficas que no cesaban de abrir y cerrar sus diafragmas. Como es habitual fue uno de los momentos de mayor interés. Se trata de un recorrido que despierta los sentidos, sobre todo la vista, el oído y el olfato, ya que a la estampa de cientos de animales galopando y trotando se suma el olor propio del caballo y los sonidos, creados por el relinchar de las yeguas mezclados con las voces de los ganaderos que las van guiando. Peculiar es también la imagen de los potrillos, un tanto aturdidos y desorientados buscando entre tantas yeguas a sus progenitoras y también a los ganaderos que no se han trasladado hasta el parque para recoger a su ganado reconociendo cada uno de sus equinos. "Ahí va La Salvaje" le decía Juan el Aguaó a su compadre. La 'Saca de las yeguas', una tradición que este año celebra su 504 edición, es una actividad organizada por la Asociación de Criadores de Ganado Marismeño, en colaboración con el Ayuntamiento de Almonte, en la que se pone de manifiesto el vínculo existente entre el hombre y la naturaleza. Tras su paso por El Rocío, las tropas se dirigieron hacia el lugar conocido como la plaza Chivo, a unos kilómetros de Almonte, donde sestearon durante unas horas. Allí se dividieron las reuniones para distribuir las reses en los distintos corrales cuando llegaron al recinto de Almonte que se ha instalado para la ocasión. Llegaron a la caída de la tarde, coincidiendo este año con el primer días de la feria ganadera que se prolongará hasta el próximo lunes, cuando el ganado vuelva a Doñana. Según los datos que manejan los ganaderos en esta edición se ha producido un incremento de animales respecto al año pasado, que se cifra en torno a cuatrocientos, debido a que ha sido un buen año de pastos lo que ha provocado un incremento de las crías. Algunas de las que se pudieron ver ayer apenas si tenía unos días y algunas yeguas casi estaban a punto de parir. La tradición dice que la 'Saca de las Yeguas' surgió porque durante el verano el pasto de la marisma se seca y en la antigüedad las yeguas salían a buscar pastos frescos mucho más lejos de la zona habitual y en su caminar se enganchaban las crines y morían de ahí que sus propietarios decidieran cortárselas y sanearlas. Otras, quizá más reciente, apunta a que el ganado marismeño lo utilizaban los lugareños para la trilla y como algunos carecían de recursos procedían a las labores de saneamiento de los animales y a vender los potrillos para conseguir algún dinero. La tradición evoca incluso al lejano Oeste. De hecho un estudio de Borja Cardelús apunta en esa dirección. Según este estudio, durante los primeros años del descubrimiento de América los colonizadores del Bajo Guadalquivir impregnaron con su sello las tierras del Nuevo Mundo, de ahí ciertos paralelismos como que el propio caballo marismeño tenga un porte y unas características (resistencia) que se asemejan a los mustang americanos. En cualquier caso, la tradición quedó regularizada en 1504 con una ordenanza del duque de Medina Sidonia en la que se citaba la figura del yegüerizo del concejo y establecía que el ganado se sacase de los prados acotados al efecto por la festividad de San Juan, el 24 de junio, legalizando de esta forma una práctica ancestral. Ayer el paso del ganado por El Rocío tuvo tres espectadoras de excepción. Se trata de tres presidiarias Isabel, Francisca y Antonia que han obtenido permiso para abandonar durante tres días el centro penitenciario de Huelva y reunirse con sus hijos y sus nietos. Una de ellas, Isabel no salía de la cárcel desde hacía siete años. Las otras dos ya habían hecho una salida coincidiendo con la peregrinación que desde hace unos años realizan una vez al año los presos al Rocío para postrarse ante la Virgen. A lomos de sus caballos, los yegüerizos han sido estos días los protagonistas de una tradición que, aunque ha cambiado porque nada es eterno, perdura en el tiempo. Gracias a ella, aún es posible contemplar como con ayuda de sus varas o chivatas, estos ganaderos van acercando a todo el ganado en grupos, en una actividad única, de singular belleza, como caracteriza al pueblo almonteño. Una vez en Almonte, los ganadero inician hoy la 'tusa' de las yeguas y potrillos que consiste en cortarles las crines y la cola; desparasitar a los animales y marcar a los nuevos potros. En el recinto romero se realizan también la medición de las yeguas y la venta e intercambio de animales. Los ganaderos calcular que se realizarán entre un 30 y un 40% de transacciones. La 'Saca de las Yeguas' es junto con la 'Rapa das Bestas' las dos únicas manifestaciones de este tipo de España lo que ha motivado el hermanamiento entre Almonte y A Estrada (Pontevedra).
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